Alquimia como ciencia de la transmutación


La Alquimia como ciencia de la transmutación representa el tesoro simbólico de la llamada Tradición oculta de Occidente. El trabajo es un enfoque esotérico a la transmutación de uno mismo mediante la alquimia mística o esotérica.


El significado etimológico de la palabra Alquimia lo podemos encontrar en la historia de la ciencia, la alquimia (del árabe الخيمياء [al-khīmiyā]), que podría estar formada por el artículo al- y la palabra griega khumeia (χυμεία), que significa «echar juntos», «verter juntos», «soldar», «alear».


En occidente la Alquimia ha estado siempre estrechamente relacionada con el hermetismo, un sistema filosófico y espiritual que tiene sus raíces en Hermes Trismegisto, una deidad sincrética grecoegipcia y legendario alquimista. Estas dos disciplinas influyeron en el nacimiento del rosacrucismo, un importante movimiento esotérico del siglo XVII.


En la actualidad, la Alquimia fue una de las principales precursoras de las ciencias modernas, y muchas de las sustancias, herramientas y procesos de la antigua alquimia han servido como pilares fundamentales de las modernas industrias químicas y metalúrgicas. También es de interés para los historiadores de la ciencia y la filosofía, así como por sus aspectos místicos, esotéricos y artísticos. Y por otro lado la Alquimia también se estudia y analiza como disciplina espiritual y filosófica.


En el plano espiritual de la alquimia, los alquimistas debían transmutar su propia alma antes de transmutar los metales. Esto quiere decir que debían purificarse, prepararse mediante la oración y el ayuno. Carl Jung revisó el simbolismo y teoría alquímicos y empezó a concebir el significado profundo del trabajo alquimista como una senda espiritual.


Se ha utilizado para describir la transmutación personal y espiritual en la tradición hermética, atribuido a procesos de laboratorio y cambios químicos del color, usado como un modelo para el proceso de individuación (Jung), Los cuatro pasos son:

· Nigredo” o “Putrefactio” es la fase del plomo, la inmersión en la materia prima que, mediante una serie de operaciones por las que es pulverizada, calcinada, disuelta y fundida, se transformará en “Oro Filosofal” y en “Lapis Philosophorum”. En este nivel, el ser humano tiene que penetrar en lo oscuro, en lo caótico del inconsciente, integrar el aspecto oscuro de la psique, todas aquellas emociones, percepciones y pensamientos rechazados en la vida. Es el proceso por el cual se integra a la conciencia el arquetipo que Jung llamó Sombra.

· Albedo, Hay textos alquímicos que dicen que es en este momento cuando el alma se hace consciente de sí misma. Psicológicamente esto hace referencia a la integración consciente de los aspectos psíquicos opuestos, es decir, del Ánima en el hombre, y del Ánimus en la mujer.

· Citrinitas, es la transmutación alquímica de la plata en oro o el color amarillento de la conciencia lunar. El alquimista, una vez purificado en sus sentimientos y deseos, debe ahora hacer pleno uso de sus poderes mentales, aprendiendo la dura labor de pensar por sí mismo. Esta es la etapa en la que se desarrolla la sabiduría, como resultado de la reflexión en la etapa de albedo.

· Rubedo, en este peldaño se despierta el deseo de dar a la conciencia iluminada una nueva forma o encarnar de nuevo y de otra manera. Aquí se tiene lugar la verdadera transmutación o transformación integral, la unión nueva de espíritu y materia. Es la culminación de la Gran Obra, la creación total del nuevo ser. Jung se refiere a esta etapa donde se produce el encuentro del Yo personal y el Sí-Mismo.


Estos procesos, en su mayoría documentados a través de grabados llenos de símbolos son el material del proceso místico de la trascendencia del Yo personal y el Sí-Mismo. Sin embrago hay un proceso para poder descodificar estos símbolos, en general todo símbolo místico tiene tres niveles de asimilación:

1. La morfología del símbolo: la imagen propia u otro estimulo que alimenta lo somático

2. El significado del simbólico: la interpretación a base el contexto teológico, mitológico y esotérico a nivel racional.

3. Lo arquetípico del símbolo: aquello que se interioriza del valor universal y llega a su comprensión en el nivel interno y trascendente del Sí-Mismo.


“Has de saber que esta Piedra, de la que trata este Arcano, no ha sido puesta por Dios para ser comprada a elevado precio, pues se la encuentra tirada sobre el camino, de tal forma que el pobre puede tenerla tanto como el rico, y que cada uno puede venir a ella por medio de la razón y de la ciencia.”

ROSARIVM PHILOSOPHORVM

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